2
Cuando un lenguaje se extravía en otro lenguaje,
cada palabra o signo
clausura su lugar,
lo disimula
como si alguien cerrara su casa
para que nadie la ocupe o despoje
mientras dure su ausencia.
Pero ningún signo o palabra
vuelve nunca a su sitio.
Cuando un lenguaje se extravía en otro,
también el otro se pierde en el primero.
Tal vez por eso
cada palabra o signo
debe volver a nacer constantemente en otra parte.
El lugar de una palabra
es siempre otro.
5
No prestar atención a las palabras,
salvo a aquellas que transportan
su propia carga de silencio.
El discurso del hombre es extrañamente opresivo,
pero algunas palabras quedan sueltas
como pájaros que caen de sus bandadas
y que una zona especialmente susceptible del aire
retiene y congrega.
No prestar atención tampoco a la escritura,
salvo a ciertas páginas desprendidas o rotas
que conservan fragmentos
de algunas historias que no parecen historia
o de un balbuceo con una extraña ilación,
papeles que el viento arremolina en los rincones.
Y ni siquiera prestar atención a lo callado,
porque el silencio del hombre es casi siempre
nada más que un terreno baldío,
cercado por unas tapias lastimosas
que impiden que lo arrastren las hormigas.
Además de la palabra y el silencio,
el verdadero lenguaje articula otras cosas,
por ejemplo,
el filo sin sosiego que lo hiere.
8
Pensar es una incomprensible insistencia,
algo así como alargar el perfume de la rosa
o perforar agujeros de luz
en un costado de tiniebla.
Y es también trasbordar algo
en insensata maniobra
desde un barco inconmoviblemente hundido
a una navegación sin barco.
Pensar es insistir
en una soledad sin retorno.
10
Las distancias no miden lo mismo
de noche y de día.
A veces hay que esperar la noche
para que una distancia se acorte.
A veces hay que esperar el día.
Por otra parte
la oscuridad o la luz
teje de tal manera en ciertos casos
el espacio y sus combinaciones,
que los valores se invierten:
lo largo se vuelve corto,
lo corto se vuelve largo.
Y además, hay un hecho:
la noche y el día
no llenan igualmente el espacio,
ni siquiera totalmente.
Y no miden lo mismo
las distancias llenas
y las distancias vacías.
Como tampoco miden lo mismo
las distancias entre las cosas grandes
y las distancias entre las cosas pequeñas.
16
Calcar el infinito
contra el cristal de la ventana,
como se calca una rama o una pluma,
con el papel de seda de nuestra fugacidad.
Calcar después una rama o una pluma
contra el mismo cristal,
como se calca el infinito,
con el papel de seda de nuestros ojos más abiertos.
Superponer luego los dos calcos
hasta que ambos coincidan totalmente.
Si siguiéramos calcando,
sobre el mismo cristal y con los ojos más abiertos,
tal vez todo coincidiera con todo,
la luna llena y la menguante,
el papel en blanco y el escrito,
lo fugaz y lo eterno.
22
Una soledad adentro
y otra soledad afuera.
Hay momentos
en que ambas soledades
no pueden tocarse.
Queda entonces el hombre en el medio
como una puerta
inesperadamente cerrada.
Una soledad adentro.
Otra soledad afuera.
Y en la puerta retumban los llamados.
La mayor soledad
está en la puerta.
25
El eco disponible que es la vida
necesita localizar su fuente,
encontrar la vibración original,
el espacio sonoro
anterior al primer movimiento
y la sombra sonora
que proyectó la primera palabra.
A menos que la fuente del sonido
no esté al comienzo del tiempo,
sino al final, al cierre
de esta cruel transparencia.
La vida no sería entonces otra cosa
que una corriente al revés,
un eco ambulatorio
separado o quizás expulsado
hacia atrás de su fuente,
un eco que siempre retrocede.
O más todavía:
un eco sin un sonido como origen,
un eco siempre disponible,
la fatal repetición de un sonido inexistente.
34
Recuperar figuras del sueño
como quien gana terreno al mar
y fundar en esa mínima playa
el temblor de un pequeño poema.
Devolver luego el sueño al sueño
y cerrar el circuito,
porque el sueño no puede estar mucho
afuera del sueño.
Así, casi sin haberlo buscado,
quedará entre las palabras del poema
un poco del perfume del fondo.
40
Una niebla tan densa
que no sepamos
si nuestro movimiento
va hacia atrás o hacia adelante.
Una niebla tan densa
que no sepamos
si subimos o caemos.
Una niebla tan densa
que no sepamos
ni siquiera si nos movemos o no.
Una niebla tan densa
que borre el camino de donde venimos.
Y tal vez la totalidad del camino.
Una niebla tan densa
que borre como un signo marchito
hasta el punto donde estamos parados.
Y quizá sea posible
una niebla tan densa
que borre también todos los otros puntos.
Y hasta la misma ausencia de los puntos.
43
He llegado a soñar con las palabras.
Las palabras no me dejan dormir.
Me golpean desde atrás del decorado,
personajes subversivos
que hasta llegan a rasgar el telón
para cambiar siempre la obra.
Las palabras no esperan.
¿Hasta cuándo durarán?
Son como gotas de sangre
que van cayendo sobre el texto
y también a veces en el margen.
Pero no les bastan las figuras del día,
la vigilia ilustrada entre la vida y la muerte.
El texto es infinito
y también lo es el margen.
Quizá el texto debiera estar en el margen.
El sueño es una región abandonada
o por lo menos disponible
para la entrada necesaria del verbo.
44
Me doy vuelta hacia tu lado,
en el lecho o la vida,
y encuentro que estás hecha de imposible.
Me vuelvo entonces hacia mí
y hallo la misma cosa.
Es por eso
que aunque amemos lo posible,
terminaremos por encerrarlo en una caja,
para que no estorbe más a este imposible
sin el cual no podemos seguir juntos.
(para Laura otra vez, mientras nos acercamos)
56
Quietamente arrinconados
unos ojos contemplan el mundo.
Solo desde un rincón pueden verse las cosas
y hasta el propio rincón.
Solo los rincones contienen al mundo.
Pero además contienen otro mundo
que se forma en ellos como una antiniebla,
como una cualidad que solo allí perdura
y que posee la única garantía
de una visión que no se enturbia:
abrir los ojos lejos de otros ojos.
Abrir los ojos lejos de otros ojos,
porque las miradas interfieren a las miradas,
como ciertas luces entorpecen a la luz,
ciertos amores interrumpen al amor
y ciertos espacios malogran al espacio.
No interesa, entonces, ningún otro punto de mira,
arriba, en el medio o abajo.
Solo importa la mirada fundante,
la óptica raigal de los rincones.
Por otra parte, tal vez no haya más que rincones
y el resto es epejismo.
Rincones que solo pueden verse desde otros.
62
Pensar separa.
Amar separa.
Dios separa.
Ser separa.
Todo desvía la atención.
Solo un punto en el centro
podría quizá no separar.
71
Un árbol es el bosque.
Tenderse bajo su follaje
es escuchar todo el sonido,
conocer todos los vientos
del invierno y del verano,
recibir toda la sombra del mundo.
Detenerse bajo sus ramas sin hojas
es rezar todas las oraciones posibles,
callar todos los silencios,
tener piedad por todos los pájaros.
Pararse junto a su tronco
es levantar toda la meditación,
reunir todo el desapego,
adivinar el calor de todos los nidos,
juntar la solidez de todos los reparos.
Un árbol es el bosque.
Pero para eso hace falta
que un hombre sea todos los hombres.
O ninguno.
Fuentes consultadas:
»Roberto Juarroz. Poesía Vertical II - Emecé
»Poesía Vertical. Antología Esencial. Roberto Juarroz. Selección de Sandra Santana Mora y Beatriz San Vicente. Supervisada por Laura Cerrato.
»Blog: Vomité un Conejito, de Silvia C. Navarro.
https://vomiteunconejito.wordpress.com/2020/08/19/decima-poesia-vertical-de-roberto-juarroz/
» Poesía Abierta
http://poesiaabierta.blogspot.com/search/label/Roberto%20Juarroz
»Roberto Juarroz. Poesía Vertical II - Emecé
»Poesía Vertical. Antología Esencial. Roberto Juarroz. Selección de Sandra Santana Mora y Beatriz San Vicente. Supervisada por Laura Cerrato.
»Blog: Vomité un Conejito, de Silvia C. Navarro.
https://vomiteunconejito.wordpress.com/2020/08/19/decima-poesia-vertical-de-roberto-juarroz/
» Poesía Abierta
http://poesiaabierta.blogspot.com/search/label/Roberto%20Juarroz






